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  1. Árboles

Letras

Esos árboles
que no se llenan los bolsillos
de aguaceros,
que no sólo viven
de verdes pensamientos
amarillos
sino que les sacan
puntas a las hojas
para adelantarse al rumbo
venidero de sus frutos.
Estos árboles
que aprenden con la lluvia
a no mojarse los pies
aun cuando el agua les suba
a la cintura.

Estos árboles
se comunican con la doncella que está
con dolores para que multiplique
el número de su amante por sí misma,
para que pueda decir:
“Amado, multiplícate dentro de mí,
para cuando la emoción se acerque
a su cuadrado,
tu imaginación cautive
la palabra con labios”.
Estos árboles
le dan albergue a la opinión
desamparada que tan elocuentemente
cultiva la anonimia,
donde la madera verde de la lluvia
le brota en llamaradas
por los dedos.

Aquellos árboles
producen la tela incombustible
de su fuego con la nieve
imposible del verano,
con lo que sucede
en la noche de abril
de cualquier mes de mayo,
para que lo imposible
escale en el gozo de su desventura
la cima infranqueable
de lo que la claridad no deja ver.
Aquellos árboles
ponen a madurar su ir en su venir,
aprendiendo a salir en su llegar.